La primera vez que me explicaron una put vendida pensé que había truco. ¿Me pagan hoy, por adelantado, solo por comprometerme a comprar una acción más barata de lo que cotiza? Me sonaba a esas promesas que había aprendido a evitar. No lo era. Solo era una idea que yo no entendía todavía.
Déjame contártelo como me habría gustado que me lo contaran: sin jerga.
El trato
Vender una put es firmar un compromiso: si la acción baja hasta un precio que tú eliges (el strike) antes de una fecha, te comprometes a comprarla a ese precio. A cambio de ese compromiso cobras una prima por adelantado, hoy, pase lo que pase después.
“Cash-secured” (asegurada con efectivo) significa que dejas apartado el dinero para comprarla. No es apostar con dinero que no tienes: es reservar el efectivo por si toca comprar. Esa parte, para mí, fue clave: lo que parecía arriesgado era en realidad lo más prudente que había hecho con una acción.
Los dos finales
- La acción no baja hasta tu precio: no compras nada y te quedas la prima. El compromiso vence sin efecto.
- La acción baja hasta tu precio: compras la acción que ya querías, al precio que ya habías elegido, y encima te quedaste la prima, así que tu coste real es aún más bajo.
La letra pequeña que aprendí a las malas
Solo deberías vender puts sobre acciones que de verdad querrías tener. Yo, al principio, elegí una solo por la prima —era la más golosa— y el día que me la asignaron me quedé con algo que no quería. La lección fue humilde: la prima es el premio, no el motivo.
Un ejemplo con números
Una acción cotiza a 52 $. Vendes una put con strike 50 y cobras 150 $ de prima. Si en la fecha la acción sigue por encima de 50, te quedas los 150 $ y no compras. Si baja de 50, compras a 50 —algo que aceptabas— con 150 $ ya en el bolsillo.
Cobrar por esperar el precio que querías: esa fue la idea que me hizo mirar la bolsa de otra manera.
Es el primer paso de la estrategia que montamos en el curso La Rueda.
Contenido educativo, no asesoramiento financiero.