Durante mucho tiempo miré la rentabilidad de mis inversiones y casi nunca el coste. Total, ¿qué más da un 1%? El problema es que ese 1% no se paga una vez: se paga cada año, sobre un capital que crece, durante décadas.
El día que hice el cálculo se me quitó la tontería.
El número que me despertó
Sobre una misma inversión a largo plazo, la diferencia entre un producto barato y uno caro no son unas monedas: son decenas de miles de dólares. No porque el caro invierta peor, sino solo por la comisión, restada año tras año y compuesta en tu contra.
El coste es la única variable de tu inversión que puedes controlar por completo. La rentabilidad no la eliges; el coste, sí.
Dónde mirar
- El TER (el gasto anual del fondo): en indexados suele ser una fracción de lo que cobra un fondo activo.
- Las comisiones de compraventa y los spreads, sobre todo si mueves mucho.
- La fiscalidad: no es un coste del producto, pero se come rentabilidad igual si no la tienes en cuenta.
Lo que cambié
Empecé a elegir por coste primero y por relato después. Un producto aburrido y barato que sigue al mercado me ha rentado más, en la práctica, que cualquier fondo con nombre brillante y comisión alta.
Elegir barato no es ser rácano. Es negarte a regalar, año tras año, un trozo de lo que es tuyo.
Aprendemos a comparar costes (fondos indexados vs. ETFs) en el curso Inversión Indexada y DCA.
Contenido educativo, no asesoramiento financiero.